La filosofía
nació en Mileto como un intento de explicación del universo. La pregunta
esencial de aquellos hombres que fundaron la escuela milesia era: ¿de qué
materia está hecho el universo?. En Mileto, frente a lo fantástico, lo mágico,
lo inexplicable y lo informe, los primeros sabios opusieron la voluntad de
entender, el gusto por lo concreto, la pasión por lo mesurable y el anhelo de
unidad. Allí se buscó una materia primaria.
El primero de los grandes
milesios fue Tales. Al preguntarse de qué estaba hecho el universo,
concluye que de humedad en tres formas: agua, vapor, hielo. Creía que la
materia era un ser viviente y que en ella residía la divinidad del mundo.
Anaximandro opinaba que
el mundo estaba hecho de cuatro elementos en constante guerra: tierra, fuego,
agua y vapor. Estos elementos están en equilibrio, naciendo de éste los
contrarios.
Anaxímenes opinaba que
el origen de todo era el aire. Tanto la tierra como el agua y el fuego tenían
como origen el aire.
Pero, ¿cómo era posible que una
materia se alterase de repente para convertirse en algo totalmente distinto? A
este problema le buscaron solución otros filósofos:
Parménides pensaba que
todo lo que hay ha existido siempre, todo lo que existe en el mundo es eterno.
Nada puede surgir de la nada. Pensaba que ningún verdadero cambio era posible.
El Ser es indestructible, eterno, y no puede ser alterado. Es indivisible y
existe en un continuo presente. Es siempre el mismo y nada puede cambiarlo ni
moverlo. Sólo la mente alcanza a comprenderlo, mientras que los sentidos nos
presentan una realidad de apariencias que pertenecen al mundo del No-Ser.
Heráclito pensaba que
precisamente los cambios constantes eran los rasgos más básicos de la
Naturaleza. “Todo fluye”, todo está en movimiento y nada dura eternamente. El
mundo está caracterizado por constantes contradicciones, y si no hubiera un
constante juego entre los contrastes, el mundo dejaría de existir. Opinaba que
tiene que haber una especie de “razón universal” que dirige todo lo que sucede
en la Naturaleza.
Demócrito suponía que
todo tenía que estar constituido por unas piececitas pequeñas e indivisibles, a
las que llamó “átomos”, que tenían que ser fijos y macizos, pero no podían ser
idénticos entre sí. Por tener formas distintas, podían usarse para componer
distintos cuerpos. No contaba con ninguna fuerza o espíritu que interviniera en
los procesos de la Naturaleza. Lo único que existe son los átomos y el espacio
vacío.

Demócrito
Grecia, 1961
Anaxágoras opinaba que
la Naturaleza está hecha de muchas piezas minúsculas, invisibles para el ojo. A
estas partes mínimas, que contienen “algo de todo”, las llamaba gérmenes o
semillas.
La filosofía llegó a Atenas
desde las colonias griegas, pero en esta ciudad se abandonó el estudio de la
naturaleza, y el interés se centró en el ser humano. Los primeros en hacerlo
fueron los sofistas, con un gran espíritu crítico, negaban la posibilidad de
todo conocimiento objetivo y consideraban imposible el negar o afirmar la
existencia de los dioses. En sus enseñanzas utilizan el método dialéctico. Para
ellos no existe un criterio moral, ya que si el razonamiento está bien hecho,
es igual que sea justo o injusto. Crearon un debate en Atenas sobre qué era lo
que estaba determinado por la naturaleza y qué creado por la sociedad. Así
pusieron los cimientos de una crítica social en Atenas. Protágoras y Gorgias
son los principales sofistas.
Frente a los sofistas, Sócrates
creía en la verdad absoluta, cuyo conocimiento sólo era posible alcanzar a
través de la razón. El saber real era el saber conceptual. El arte de la
dialéctica desarrollado por Sócrates consistía en alumbrar la verdad a través
del diálogo, con el uso de la ironía. Y la meta de su indagación en el alma no
era otra que la moralidad, la construcción de una ética. El hombre que sigue la
razón, practica la virtud, esa era su norma.
Para él era muy importante
encontrar una base segura para el conocimiento. Pensaba que esta base se
encontraba en la razón del hombre. Según él, conocimientos correctos conducen a
acciones correctas. Pensaba que la capacidad de distinguir entre lo que está
bien y lo que está mal se encuentra en la razón, no en la sociedad.

La escuela de Atenas, de Rafael (Estancias vaticanas)
Grecia, 1978
El idealismo de Sócrates fue organizado por Platón
en una filosofía sistemática. En su teoría de las ideas, Platón sostuvo que los
objetos del mundo real son meras sombras de las formas eternas o ideas. Las
únicas e inmutables ideas, las formas eternas, pueden ser objeto del
conocimiento verdadero; la percepción de sus sombras, es decir, el mundo tal y
como se oye, ve y siente, es una simple opinión. La meta del filósofo, decía,
es conocer las formas eternas e instruir a los demás en este conocimiento.

Platón.
Grecia, 1998
La
teoría del conocimiento de Platón está implícita en su teoría de las ideas.
Sostenía que tanto los objetos materiales percibidos como el individuo que los
percibe están en constante cambio; pero, como el conocimiento se relaciona tan
sólo con los objetos inmutables y universales, el conocimiento y la percepción
son diferentes en esencia.

Aristóteles.
España, 1986
En lugar de las ideas de Platón,
que poseen entidad propia y eterna, Aristóteles propuso una serie de
conceptos que representan las propiedades comunes de cualquier grupo de objetos
reales. Los conceptos, a diferencia de las ideas de Platón, no tienen
existencia fuera de los objetos que representan. Más cerca del pensamiento de
Platón se hallaba la definición aristotélica de forma, como una distinguible
propiedad de la materia, pero con una existencia independiente de la de los
objetos en los que se encuentra. Al describir el universo material, Aristóteles
afirmó que consiste en los cuatro elementos, fuego, aire, tierra y agua, más un
quinto elemento que existe en todas partes y es el único constitutivo de todos
los cuerpos celestiales.


Aristóteles.
Grecia, 1978
En los escritos de Platón y
Aristóteles las tendencias dominantes de idealismo y materialismo en la
filosofía griega alcanzaron, en uno u otro caso, su más alta expresión, dando
lugar a un cuerpo de pensamiento que sigue ejerciendo una fuerte influencia
sobre la investigación filosófica. La filosofía griega posterior, que refleja
un periodo histórico de agitación civil y de inseguridad individual, se
preocupó menos por la naturaleza del mundo que por los problemas individuales.
Durante ese periodo surgieron cuatro grandes escuelas filosóficas, en gran
parte materialistas e individualistas: la de los cínicos, y la de los que se
adhirieron al epicureísmo, escepticismo y estoicismo.
Los cínicos, movimiento fundado
por Antístenes, enseñaron que la verdadera felicidad no depende de cosas
externas como el lujo, el poder o la buena salud, y porque no depende de esas
cosas, puede ser lograda por todo el mundo. El principal cínico fue Diógenes,
que se preocupaba sólo por su felicidad, sin importarle la de los demás.
Los estoicos, cuyo fundador fue
Zenon, subrayan que todos los procesos naturales siguen las inquebrantables
leyes de la naturaleza, por tanto el ser humano ha de conciliarse con su
destino. Todo ocurre por necesidad, y sirve de poco quejarse del destino. El
sabio es aquel que se conforma con su destino y con la condición de vida que le
haya correspondido. El estoicismo tendría gran importancia en la cultura
romana: Cicerón, Séneca, Marco Aurelio...

Cicerón
Italia, 1957

Séneca.
España 1966
Los epicúreos se orientaban hacia el estudio de la naturaleza humana y
la propuesta de nuevos modelos de conducta. Su finalidad se observa en diversos
aspectos: alcanzar la felicidad, apreciar la amistad, saber perdonar y no
pensar en la muerte, sino vivir el momento lo mejor posible. En Roma, el
epicúreo más importante fue Lucrecio